Los investigadores de terapia génica convergían en un santo grial. Hace unos años, investigadores de laboratorios y empresas informaron que habían diseñado virus que podían transportar genes correctivos a lo más profundo del cerebro, proporcionando una entrada potencial a un nuevo mundo de tratamientos para el Alzheimer, el Parkinson y una serie de enfermedades genéticas raras.
Este verano, después de años de cuidadoso estudio, la primera persona se sometió a terapia genética utilizando uno de los nuevos virus. El paciente, un niño pequeño, murió dos días y medio después.
La muerte ha generado preocupación e incertidumbre entre los laboratorios y las empresas que desarrollan terapias genéticas para el cerebro, junto con los grupos de enfermedades raras que esperaban que estas herramientas pudieran ofrecer curas largamente buscadas. Les preocupa que Capsida Biotherapeutics haya descubierto un riesgo más amplio para otros virus diseñados para viajar como una paloma mensajera en nuestros cerebros, uno que podría descarrilar años de progreso.


